Amistad  04 ene 2021 Santa Cruz de Tenerife

Un constructor del alma para el silicio


Prosperrisisisisísimo año. Uno que se fue y uno que ya está. Dicen que la vida no es más que una modesta colección de recuerdos en un viejo saco sin fondo. ¿Qué prefieres? a] Acumular años variopintos pero todos diferentes entre sí, o b] Repetir un mismo buen año una y cien veces.

Cuentan que la tendencia entre los jóvenes es tener cada vez menos relaciones sociales. Ya hablamos de ese fenómeno japonés donde tienen fobia a salir de sus habitaciones. Y dicen que mucha gente, jóvenes y no tan jóvenes, rehúyen el contacto personal. Prefieren interactuar con una máquina para evitar que nadie les juzgue. Prefieren la compañía de un videojuego donde todas las reglas están pautadas y nada malo les puede pasar. Preferimos la zona de confort. El mundo que dominamos. Quisiéramos ser culo inquieto pero abogamos por el asiento cómodo y el mando a distancia.

Creo que fue en El Quinto Elemento donde un Bruce Willis en modo taxista volador se pasa toda la película dando acción a troche y moche y luego se descubre que CUIDADO: SPOILER… todo había sido hecho desde la habitación de su apartamento, sin salir siquiera de su cama incubadora, y con poco más que un casco de realidad virtual.

¿Has visto Her? Me encanta esa historia de amor futurista de Spike Jonze. ATENCIÓN: SPOILER… la de ese tierno personaje que se enamora de un algoritmo encarnado en forma de encantadora voz sintética.

Vivir es descubrir. Unos gustan de viajar. Muchos lo hacen por postureo. Algunos, los pocos, se quedan en casa y viajan a través de las historias de los libros. O su versión moderna: Netflix y similares.

¿Te imaginas? Pronto el mejor amigo será aquel algoritmo capaz de rastrear en tiempo real todo el saber de los libros y del conocimiento humano contemporáneo. Un tipo genial con el que puedas interactuar y hablar de todo con total comodidad. Que te de la razón sin que parezca que te da la razón. Que hables con él y que no seas capaz de distinguir si es un autómata o es real. Que le tires la caña y, plas, hasta te dé a entender que le has pescado.

Es probable que ese conversar con entes de silicio nos satisfaga más que el arduo camino de mantener una relación con un ser de carbono. Las amistades reales precisan de un rifirrafe que los tiempos que corren no estamos por la labor de sufrir. Lo queremos todo. Lo queremos ahora. Lo queremos al confort de nuestra campana de resonancia. Intolerancia al no.

Cada vez somos menos físicos. Somos éter. Si una inteligencia artificial nos gana al ajedrez y al go, no tengo dudas que se prestará a interesantes batallas dialécticas en ese predecible arte que es la seducción: dícese de la estrategia de abanicar la oreja del prójimo con lo que el prójimo desea escuchar.

En el futuro lo físico languidece ante lo digital. ¿Nos quedaremos engatusados por un alguienígena que nos enseñará todas las cosas de la vida sin salir siquiera de nuestro cubículo? O por el contrario, ¿romperemos cadenas con Netflix, smartphones y todas esas notificaciones que nos avasallan y miraremos al cielo durante las noches de lluvias de estrellas por ser capaces de entender quiénes fuimos y dónde vamos?

Encantadores de serpientes los que mueven el mundo. ¿Es difícil no bailar a su son? Quizás somos como el Bruce Willis de El Sexto Sentido: zombis de la tecnología. Muertos que no sabemos aún que estamos muertos. O quizás como en Matrix, pero hoy no quiero hablar más de eso.

No es descabellado pensar que quien mejor nos entienda no sea una persona sino un ente artificial. ¿Quieres que hablemos de Facebook y su artillería para sacarnos todo el jugo y vendernos la madre? ¿De los smartphones que por defecto vienen activados para escuchar nuestras conversaciones y adecuarse a nuestros gustos? ¿Del almacenamiento masivo de información de todos y cada uno de los ciudadanos del mundo con el fin de tener evidencias incriminatorias por si un buen día deciden salirse del tiesto? ¿Snowden, Assange,…?

¿Qué haces leyendo esto? Vamos, anda, apaga y vámonos, llama a tu mejor amigo, grítale que te cuente algo por tonto que resulte. Don’t let the bastards grind you down.



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